domingo, 7 de octubre de 2012

El hogar no se parece al hogar


Siempre me han dicho que debería tener un blog de humor. Que es tan gracioso. Que soy tan graciosa. Que la vida narrada por mí es tan graciosa.
Lo gracioso, realmente, es que no puedo empezar a escribir sin que me embargue una melancolía inmensa. Es como si mis dedos reconocieran ese lejano hogar de la adolescencia, ese único espacio de desahogo, que entregaban las palabras que nunca se pronunciaban. Esas palabras tan estériles que se sembraban en un papel para dar paso a nada. Nada de nada.
Entonces, trato de transmitir esa alegría del día a día (¿o acaso será un constante acto de cinismo?) a través de este medio y mis manos me traicionan. Los dedos no llegan a las teclas que quiero llegar y todo es ese ir y venir de la mente que, como el oleaje del mar, aparece de improviso con furia y luego se desvanece dejando el vacío. 
Vacío.

domingo, 2 de octubre de 2011

Cómo leer mentes mientras se lee el diario


El viernes pasado miraba a mi jefa leer el diario. De reojo, claro. Me gusta mirar a la gente vivir su cotidianidad cuando no sabe que la miran. Es ahí -quizás el único momento del día- cuando se pueden visualizar auténticamente.

Como decía, el viernes miraba a mi jefa leer el diario. Es increíble cómo un acto tan pequeño puede decir tanto sobre una persona. 
La vi pasando de páginas rápidamente. No se detuvo ni medio segundo en los líos de la educación, los asesinatos y asesinados, las alzas del dólar, las novedades gubernamentales. No. Lo primero que hizo fue pasar la páginas con una desesperación infantil con dirección a la sección de "vida social". 

Una vez ubicada en su área de interés leyó cada nombre y revisó cada foto con una concentración tal que se debe haber olvidado de todos nosotros que estábamos ahí alrededor.

Para mí, cuando uno lee el diario establece prioridades que son como un mapa de uno mismo. Tengo teorías al respecto:

1. Hay quienes parten por deportes y siguen con economía: Creo que esas personas son bastante centradas en sí mismas, atienden primero a las noticias que verdaderamente los afectan y luego, si queda tiempo, vienen el minuto de prestarle algo de atención a lo que afecta a otros. No hay nada de malo en centrarse en uno mismo. Me parece lo más normal que hay. Este patrón se da principalmente en hombres.

2. Hay quienes parten por espectáculos: No quiere decir que sean superficiales, pero sí que sienten desinterés, quizás tedio, por el día a día. Parece más interesante el acontecer farandulero que el nacional o internacional, porque es tanto más motivante. Finalmente, es otra forma de centrarse en uno mismo, evitando prestarle demasiada atención a los pesares ajenos.

3. Hay quienes parten por las noticias nacionales o internacionales: No son mejores ni peores personas que los otros, pero sin duda tienen una conciencia mayor de su papel en la historia. Probablemente nunca lo han pensado, pero internamente saben que tienen un papel en la historia del mundo contemporáneo y no pretenden perderse ni un detalle de las novedades. Son ciertamente más generosos, porque para constituir sus propias prioridades empiezan por entender el mundo que los rodea.
Por otro lado son excelentes conversadores en potencia, ya que además de que la información es poder, es una fuente generosa de tema de conversación.

4. Hay quienes -como mi jefa- parten por la vida social: ¿Qué se puede decir? Creo que es la peor categoría de todos los lectores de diarios. Son personas que no se interesan por los acontecimientos del mundo que los rodea -ni por los superficiales ni por los relevantes-, sino que su interés está simplemente en la visibilidad que las personas tienen en un cúmulo de eventos exclusivos y excluyentes que vienen a ser como un denominador automático de quién es "exitoso y estiloso" y quién no figura más en cartelera y debe ser olvidado.

En el caso particular de mi jefa, podríamos decir que no me sorprendió el patrón con el que se correspondió. Resulta gracioso: hay personas que se escapan de las noticias para no ver; otros que las enfrentan para verlo todo; mientras, otros, las valoran sólo en cuanto les permirte ser vistos.

Myself & Me


Siempre fui una persona extremadamente dada al "sobreanálisis". El punto es el siguiente: me he pasado la vida analizando situaciones hipotéticas, fantaseando con sucesos que nunca pasaron, obsesionándome con momentos desagradables que finalmente no sucedieron.

Quizás por eso establezco distinciones. Hacen el asunto más simple. 

En primer lugar está la vida que efectivamente vivo, esa que implica levantarse todas las mañanas sin muchas ganas, ir a un trabajo que me provoca dolores de estómago, moverme como autómata por las calles, las micros y los metros, esperando que se acabe la jornada laboral para hacer nada o quizás hacer muy poco. 

En segundo lugar está la vida que me gustaría vivir, las cosas que se pasan por mi cabeza, los instantes en que me imagino situaciones grandiosas que deberían pasar y no pasan.

En ningún caso debe entenderse que mi vida real es un desagrado. Soy bastante feliz. Tengo lo que necesito, hay gente a la que quiero y que me quiere, soy aceptablemente inteligente, estéticamente no soy un desastre. En fin. Mi vida se corresponde con gran parte de lo que Occidente denimina "buena calidad de vida".

Pero mi cabeza... Mi cabeza anda siempre mucho más rápido que los acontecimientos de mi vida y me sorprendo fantaseando en la fila para comprar el boleto del metro con situaciones hipotéticas que son infinitamente más fascinantes que la realidad.

Quizás por eso escribo esto, de esta manera, en este lugar. Porque se aleja de la vida real y me deja, si quiero, centrarme sólo en esa vida que no existe más que en mi cabeza y que a ratos me gusta tanto más que la real.