domingo, 2 de octubre de 2011

Myself & Me


Siempre fui una persona extremadamente dada al "sobreanálisis". El punto es el siguiente: me he pasado la vida analizando situaciones hipotéticas, fantaseando con sucesos que nunca pasaron, obsesionándome con momentos desagradables que finalmente no sucedieron.

Quizás por eso establezco distinciones. Hacen el asunto más simple. 

En primer lugar está la vida que efectivamente vivo, esa que implica levantarse todas las mañanas sin muchas ganas, ir a un trabajo que me provoca dolores de estómago, moverme como autómata por las calles, las micros y los metros, esperando que se acabe la jornada laboral para hacer nada o quizás hacer muy poco. 

En segundo lugar está la vida que me gustaría vivir, las cosas que se pasan por mi cabeza, los instantes en que me imagino situaciones grandiosas que deberían pasar y no pasan.

En ningún caso debe entenderse que mi vida real es un desagrado. Soy bastante feliz. Tengo lo que necesito, hay gente a la que quiero y que me quiere, soy aceptablemente inteligente, estéticamente no soy un desastre. En fin. Mi vida se corresponde con gran parte de lo que Occidente denimina "buena calidad de vida".

Pero mi cabeza... Mi cabeza anda siempre mucho más rápido que los acontecimientos de mi vida y me sorprendo fantaseando en la fila para comprar el boleto del metro con situaciones hipotéticas que son infinitamente más fascinantes que la realidad.

Quizás por eso escribo esto, de esta manera, en este lugar. Porque se aleja de la vida real y me deja, si quiero, centrarme sólo en esa vida que no existe más que en mi cabeza y que a ratos me gusta tanto más que la real.

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